Despertando. Bienvenido 2019.

Calendar me avisa que es Nochevieja por si se me había olvidado. Así es Google Calendar, atento a los festivos tal vez intuyendo que el cotidiano nos hastía y vivimos anhelando esos respiros que nos dan los días de asueto para poder disfrutar de placeres que -creemos-nos están prohibidos un lunes o un martes, como un baño caliente, una peli con palomitas o ponerte ese vestido que espera paciente su momento.

Hoy termina el año y cuando pienso en hacer balance me sale un bufff por lo intenso pero también por cierta pereza porque empiezo a cansarme de mí misma. Sí. Creo que empiezo a madurar (será cosa de los 40, uno de los hechos que puedo referir de este año que cierra, mi 40 cumpleaños). Es un cansancio de exigencia, de culpa, de insatisfacción, de queja, de crítica, de rabia, de tristeza. Creo que me va llegando la hora de rendirme. Rendirme a esa realidad cotidiana maravillosa que tanta magia encierra cuando una está despierta. Despertar. Despertar cansada de buscar, de esperar, de anhelar, de soñar incluso…Porque esas ilusiones y sueños me sacan del ahora y me colocan en un futuro que no existe. Existe tu mirada, tu sonrisa, tu caricia…Existe la posibilidad diaria de ser sin excusas, de verte y expresarme sin miedo o con él. Existe la posibilidad de agradecer cada mañana por estar viva, por la cama caliente, por la sopa caliente, por las risas tontas, por ver el sol asomar cada mañana desde una autovía camino del trabajo. O estamos presentes asombrándonos por esta maravilla cotidiana o estamos dormidos, perdidos en nuestros pensamientos, nuestras añoranzas o nuestras ilusiones. Ilusionante es saberme viva, capaz, amada. Ilusionante es mirarte y que me mires. Respirar. Observar cómo creces. Que me sigas diciendo “tojo” o “muelle” y acabemos fundidos en un “¡abrazo infinito!”. Milagro no sería que yo llegara a lograr tal o cual cosa. De eso estoy cansada. Milagro, en cambio, es verte cuando te veo y no me distraen los pensamientos. Y mil veces necesito perdonarme y pedirte perdón cuando no estoy presente y disponible porque mi mente, loca mente, se empeña en hacerme creer que tal o cual asunto es más importante. Milagro es haberte redescubierto este año, compañero de viaje, acompañándome ante una situación inédita y dolorosa. Sentir tu compañía, tu amor, tu escucha de madrugada. Empiezo a entrar en esa edad en que comienzo a entender qué es lo verdaderamente importante y cómo no necesito mirar lejos para encontrarlo. Sé que soy responsable de mi felicidad y de mi dolor, de mi percepción de la realidad. Y, aunque sigo cayendo una y otra vez, creo que cada vez estoy más cerca de levantarme decidida a caminar firme, serena y simple. Porque vivir puede ser sencillo. ¿Y si probamos?

Quiero dar las gracias a todas las personas, espejitos mágicos, que me habéis permitido, con vuestro reflejo y cariño, con vuestra escucha, presencia, conversación, existencia e inspiración, seguir conociéndome, aprendiendo. De veras que me siento afortunada de sentir vuestro aprecio, cariño y confianza.

Quiero confiar en la vida y en mí. Quiero. Voy. Bienvenido 2019.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *