2020 Odisea COVID: COnciencia para una nueva VIDa

Cuando nada nos quedaba por ganar, cuando nada nos quedaba por perder, vino a ponernos la vida patas arriba un “revés” con forma de epidemia, algo de lo cual sólo habíamos tenido noticia antes a través de los libros de historia. Nosotras, que hemos crecido con todas las comodidades y a quienes los relatos de guerra de nuestros abuelos nos sonaban a ciencia ficción.

Ahora, encerradas en nuestras casas, alejadas de nuestros centros de trabajo, de nuestros compañeros, de nuestros amigos y familia extendida, de todos esos espacios y personas a quienes nos permitimos el lujo de juzgar: si nos gustan, si no, si se ajustan a nuestras necesidades y expectativas…Ahora, nos hemos quedado a solas frente al espejo de nosotras mismas. A lo sumo, frente al espejo de nuestra pareja o hijos. Y ahí, nos ha llegado el momento de dejar de buscar excusas para nuestro sufrimiento, conscientes de que, a pesar del cambio escénico, continuamos rumiando los mismos problemas, las mismas preocupaciones, las mismas historias.

Y, en este mirarnos de cerca, ahora que se han reducido los estímulos, descubrimos que lo que más limita nuestra felicidad no son sino las propias creencias, los propios pensamientos, ese runrún continuo que nos contamos sobre quiénes somos, quiénes son los otros, lo que deberían ser, haciéndonos, con ello, la vida imposible: imposible de vivir tal cual es.

Por unos instantes, como en la escena final de Titanic, luchamos con uñas y dientes, intentando seguir aferrados a nuestro ego, a esos principios que nos han mantenido erguidos frente a los demás durante toda la vida, que han formado nuestro carácter, en un intento por sobrevivir en medio de esta batalla de egos y demostrar que nosotros llevamos la razón, que estamos más en lo cierto que ellos.

Pero el iceberg es más poderoso que la mente más titánica. Y en ese hundimiento de las propias ideas y creencias en medio de este escenario de oportunidad, emerge -luminosa, firme, serena- la esencia, que nos susurra al oído “Aquí estoy, aquí he estado todo este tiempo, aguardando tu llegada. Aquí puedes descansar. No hay nada que hacer. No hay meta que alcanzar. Tú eres principio y fin. Aquí te aguarda la luz que necesitas para ver con claridad, la energía amorosa que necesitas para vivir con el corazón y el alma en paz”.

Y es así como me siento en el comienzo de un nuevo camino -mi camino- conectada con mi centro, segura, tranquila, en paz conmigo y con lo que hay, incluido el iceberg, incluido el COVID. Incluidas todas las demás personas, cada cual lidiando su propia batalla.

Y vuelvo a sentir mi poder. Mi esencia. Mi misión. Vuelvo a sonreír a la vida con todo. Y me invade un profundo sentimiento de gratitud.

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